Antonio de Nebrija
Antonio de Nebrija, de Nebrixa o de Lebrija, fue un
humanista español que gozó de fama como colegial en el Real Colegio de España
de Bolonia. Ocupa un lugar destacado en la historia de la lengua española por
ser el autor de la primera gramática castellana (la Gramática castellana), en
1492, de un diccionario latín-español ese mismo año y de otro español-latín
hacia 1494, con relativa anticipación dentro del ámbito de las llamadas lenguas
vulgares. Fue, además, historiador, pedagogo, gramático y poeta.
Cursó estudios en Salamanca, y a los diecinueve años marchó
a Italia. En Bolonia perfeccionó su formación humanística durante diez años.
En 1470 regresó a España y se instaló en Sevilla, donde
entró al servicio del arzobispo Alonso de Fonseca. Posteriormente ejerció como
profesor de gramática y retórica en las universidades de Salamanca y Alcalá de
Henares. Se casó con Isabel de Solís, de quien tuvo siete hijos, y residió
también en Extremadura durante algún tiempo; fue allí donde redactó sus obras
más importantes, en las que abordó principalmente cuestiones de carácter
gramatical.
Algunas de ellas son el Vocabularium, que comprende dos
volúmenes de diccionarios hispano-latinos superiores a todo lo que existía en
su tiempo en esta materia, y la primera gramática impresa de una lengua vulgar:
la Gramática de la lengua castellana (1492), dedicada a la reina Isabel la
Católica, y por la que se le considera una figura clave en el desarrollo del
humanismo español. También escribió las Reglas de la ortografía castellana en
1512. El cardenal Cisneros le encargó en 1502 la revisión de los textos griegos
y latinos de la Biblia Políglota Complutense.
Antonio de Nebrija compuso además obras de teología, como
las Quincuagenas; de derecho, como el Lexicon juris civilis; de arqueología,
como las Antigüedades de España; de pedagogía, como el tratado De liberis
educandis; de historia, de retórica, etc. Por su profundo conocimiento de las
lenguas clásicas y del hebreo, por su sentido científico y aun político del
idioma castellano, por su labor de maestro, sobre todo desde su cátedra de
Salamanca, por "su vasta ciencia, robusto entendimiento y poderosa virtud
asimiladora", así como por su ardor de propagandista, Nebrija fue, según
Menéndez Pelayo, la más brillante personificación literaria de la España de los
Reyes Católicos.
Ideas gramaticales de Antonio de Nebrija
Aunque Nebrija se basó en la obra de gramáticos latinos como
Prisciano, Diomedes Grammaticus y Elio Donato, sus propias ideas le llevaron a
discrepar de ellos en algunos puntos. Además, Nebrija consideraba que la
gramática era la base de toda ciencia. Para Nebrija, la gramática se dividía
en: ortografía, prosodia, etimología y sintaxis.
Esta división ha perdurado hasta la Edad Moderna. E
igualmente otra distinción nebrijana perdura hasta recientemente: aquella que
considera que las partes de la oración son ocho: nombre, pronombre, artículo,
verbo, participio, preposición, adverbio y conjunción, y en sus notas añade
gerundio y nombre participial infinito.
Nebrija considera al latín como lengua superior a las otras,
y por ello, cuanto más se acerca una lengua al latín, más perfecta es. Esto
hace que su gramática castellana sea una gramática a la manera latina. Sin
embargo, la originalidad de Nebrija es patente, trayendo auténticas
innovaciones en su género, mucho antes que el resto de lenguas vulgares. Intuyó
además el origen de la lengua castellana a partir de un latín corrompido traído
por los godos e influido por otras lenguas.
Su obra tuvo gran influencia en el mundo universitario,
español y europeo, siendo una de las cumbres del humanismo en España. Recoge el
legado clásico para revitalizar el estudio de las lenguas vivas. Pero la hazaña
a la que debe una posición de primer orden en la historia, es haber compuesto
la primera Gramática castellana (1492), primera también entre las gramáticas
románicas, a las que servirá de modelo. Nebrija redactó su gramática en la
localidad extremeña de Zalamea de la Serena.
Nebrija veía la lengua castellana como un factor unificador
de los diversos territorios de los Reyes Católicos, del mismo modo que figuras
florentinas como Cristoforo Landino o Lorenzo de Medici habían defendido que la
lengua toscana serviría para unificar Italia. De ahí la conocida frase de
Nebrija en su Gramática diciendo que "siempre la lengua fue compañera del
imperio".
La Gramática castellana
En 1492, en feliz coincidencia con la culminación de la
Reconquista y el descubrimiento de América, vio la luz en Salamanca la
Gramática castellana de Antonio de Nebrija. La obra se compone de cinco libros:
el primero se ocupa de la ortografía, y se divide en diez capítulos; el
segundo, de la prosodia y de la sílaba, en otros tantos capítulos; el tercero,
de la etimología y dicción, con diecisiete capítulos; el cuarto, de la sintaxis
y el orden de las partes de la oración, en siete capítulos; y el quinto, de las
"introducciones de la lengua castellana para los que de extraña lengua
querrán aprender".
Precede a la Gramática un prólogo muy famoso (algunas de sus
frases son frecuentemente recordadas) dirigido a la Reina Católica, doña Isabel
de Castilla. En las páginas del prólogo expone el autor sus propósitos. Uno de
ellos, que pudiéramos llamar técnico, es establecer las normas que al dar
fijeza a la lengua vulgar aseguren su perpetuidad. Otro, de matiz humanista, es
facilitar el aprendizaje del latín partiendo del romance. Y un tercero, de
alcance político, refleja la exaltación nacional de aquellos momentos que
sucedieron a la rendición de Granada. El presentimiento de Nebrija al estimar
la lengua como compañera del imperio iba a tener espléndida confirmación con el
descubrimiento del continente americano, casi coetáneo de la aparición de su
obra, que queda así situada entre dos hechos históricos de tanta trascendencia.
Pero también puede colegirse que el autor pensaba en la difusión del castellano
dentro de las lindes peninsulares y europeas, al expresar su anhelo de que sea
aprendido por los vizcaínos y navarros, los franceses y los italianos.
La Gramática de Antonio de Nebrija es la primera dedicada a
una lengua vulgar, y son posteriores a ella intentos análogos llevados a cabo
en italiano y en francés, como por otro lado es infinitamente superior a los
rudimentarios tratados, hechos con intención didáctica, para la enseñanza de la
lengua francesa en el siglo XIII. Nebrija une a sus conocimientos humanísticos
la clarividencia con que enfocó ciertos problemas historicolingüísticos, aunque
su concepto de la gramática sea preferentemente normativo. El modelo a veces
demasiado presente de la gramática de las lenguas clásicas (en especial de la
latina) le obliga a aceptar y acomodar no pocos de sus principios e incluso de
su terminología, lo que es inevitable en quien inicia una tarea nueva.
Pero hay en ella evidentes aciertos, alguno de ellos válido
todavía. Rafael Lapesa señala, entre ellos, el de enlazar el estudio de la
gramática con el de la métrica y las figuras retóricas, como entreviendo la
singular trabazón entre el lenguaje y la creación literaria. Amado Alonso le
adjudica el mérito positivo de sus descripciones fonéticas, fundando una disciplina
que hoy mantiene aún las mismas bases que Nebrija sentó.
A principios del siglo XVII la obra fue refundida por el P.
Juan Luis de la Cerda, con el título de Arte de Nebrija, y así circuló hasta
época reciente. Al mediar el siglo XVIII apareció una edición contrahecha del
conde de Saceda. En 1893 el conde de la Viñaza reprodujo gran parte del texto
en su Biblioteca histórica de la Filología española, y al año siguiente
Menéndez Pelayo reprodujo el libro II en su Antología de poetas líricos. En
1909 apareció la edición fototípica que reproduce la de 1492, debida a Walberg,
quien utilizó precisamente el ejemplar que perteneció a Hernando Colón, y que
hoy se guarda en la Biblioteca Colombina de Sevilla. En 1926 publicó en Oxford
una cuidadosa edición el profesor I. González-Llubera, y en 1946 apareció en
Madrid una edición crítica, seguida de la reproducción facsímil del incunable
salmantino, de la que son autores Galindo Romeo y Ortiz Muñoz.
"Siempre la lengua fue compañera del imperio".
-Antonio de Nebrija
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