Jiddu Krishnamurti
Un poco sobre Jiddu Krishnamurti
Krishnamurti
nació en la ciudad de Madanapalle, Andhra Pradesh, en la India colonial, y fue
descubierto en 1909, cuando aún era un adolescente, por Charles Webster
Leadbeater en las playas privadas del centro de la Sociedad Teosófica de Adyar
en Madrás, India. Posteriormente fue adoptado y criado bajo la tutela de Annie
Besant y C.W. Leadbeater dentro de la Sociedad Teosófica, quienes vieron en él
a un posible Líder Espiritual. Sin embargo, rehusó ser el mesías de un nuevo
credo, hasta que en 1929 disolvió la orden creada para ese fin. Alegaba no tener nacionalidad, ni pertenecer a
ninguna religión, clase social, o pensamiento filosófico. Pasó el resto de su
vida como conferenciante y profesor viajando por el mundo y enseñando sobre la
mente humana, tanto a grandes como a pequeños grupos. Fue autor de varios
libros, entre ellos La libertad primera y última libertad, La única revolución
y Las notas de Krishnamurti. A la edad de 90 años dio una conferencia en la ONU
acerca de la paz y la conciencia, y recibió la Medalla de la Paz de la ONU en
1984. Su última conferencia fue dada un mes antes de su muerte en 1986.
Carta a las escuelas
1º de mayo 1979.
Después de todo,
la escuela es un lugar donde uno aprende no sólo los conocimientos requeridos
por la vida cotidiana, sino también el arte de vivir, con todas sus
complejidades y sutilezas. Parecemos olvidar esto, y quedamos totalmente presos
en la superficialidad del conocimiento. El conocimiento es siempre superficial
y aprender el arte de vivir no se cree necesario. El vivir no se considera un
arte. Cuando uno deja la escuela, cesa de aprender y continúa viviendo de
aquello que ha acumulado como conocimiento. Jamás consideramos que la vida es
un proceso total de aprender. Cuando observamos la vida, vemos que el diario
vivir es un movimiento y cambio constante, y nuestra mente no es lo bastante
veloz y sensible para seguir sus sutilezas. Uno llega a ello con reacciones y
fijaciones ya hechas. ¿Puede evitarse eso en estas escuelas? Lo cual no quiere
decir que se debe tener una mente ‘abierta’. En general, la mente ‘abierta’ es
como un tamiz que retiene poco o nada. Pero una mente que sea capaz de rápida
percepción y acción, si es necesaria. Es por eso que hemos estado investigando
la cuestión del discernimiento con su acción instantánea. El discernimiento no
deja la cicatriz del recuerdo. La experiencia, tal como se entiende,
generalmente deja su residuo como recuerdo, y uno actúa desde este residuo. En
consecuencia, la acción fortalece el residuo, y por eso es que la acción se
vuelve mecánica. El discernimiento no es una actividad mecánica. ¿Puede,
entonces, enseñarse en la escuela que la vida cotidiana es un proceso constante
de aprender y actuar en la relación sin que se fortalezca el residuo que es la
memoria? Para casi todos nosotros, la cicatriz psicológica se vuelve algo de
suma importancia, y perdemos la veloz corriente de la vida.
Ambos, el estudiante
y el educador, viven en un estado de confusión y desorden, tanto externa como
internamente. Uno puede no advertir este hecho, y si lo advierte, rápidamente
pone orden en las cosas exteriores, pero raramente se da cuenta uno de su
confusión y desorden internos.
‘Dios’ es
desorden. Considere los innumerables dioses que el hombre ha inventado, o el
dios único, el salvador único, y observe la confusión que todo esto ha creado
en el mundo, las guerras que ha ocasionado, las innumerables divisiones, las creencias
separativas, los símbolos y las imágenes. ¿No es esto confusión y desorden? Nos
hemos acostumbrado a ello, lo aceptamos sin dificultad. Debido a que nuestra
vida es tan tediosa, con su fastidio y sus angustias, buscamos el bienestar en
los dioses que ha ideado el pensamiento. Este ha sido nuestro modo de vida por
miles de años. Cada civilización ha inventado sus dioses, y ellos han sido el
origen de grandes tiranías, guerras y destrucción. Los edificios de esos dioses
pueden ser extraordinariamente hermosos, pero dentro de ellos están la
oscuridad y el origen de la confusión.
¿Puede uno dejar
de lado a estos dioses? Debe hacerlo si ha de considerar por qué la mente
humana acepta el desorden y vive en él, tanto política como religiosa y
económicamente. ¿Cuál es el origen de ese desorden, su realidad, no la razón
teológica? ¿Puede uno descartar los conceptos acerca del desorden y hallarse
libre para investigar la verdadera fuente diaria de nuestro desorden? No lo que
el orden es, sino la naturaleza del desorden. Sólo podemos descubrir qué es el
orden absoluto cuando hemos investigado cabalmente y a fondo el desorden y su
origen. Estamos tan ansiosos por descubrir qué es el orden, somos tan
impacientes con el desorden que estamos dispuestos a reprimirlo, pensando que
de ese modo produciremos orden. Aquí no sólo nos preguntamos si puede haber
orden absoluto en nuestra vida diaria; también nos preguntamos si puede
terminar esta confusión.
De modo que, en
primer lugar, nos concierne el desorden y su origen. ¿Cuál es ese origen? ¿Es
el pensamiento? ¿Son los deseos contradictorios? ¿Es el temor y la búsqueda de
seguridad? ¿Es la constante exigencia de placer? ¿Es el pensamiento una de las
fuentes o la razón principal del desorden? Estas preguntas no la formula solamente
quien escribe, sino que también usted se las hace; así que, por favor, tenga
esto presente todo el tiempo. Es usted quien debe descubrir el origen del
desorden, no que le digan cuál es ese origen para después repetirlo
verbalmente.
El pensamiento,
como ya lo señalamos es finito, limitado; y todo lo que es limitado, por
amplias que puedan ser sus actividades, inevitablemente trae confusión. Lo
limitado es divisivo y, por tanto, es destructivo y causa desorden. Hemos
examinado suficientemente la estructura y naturaleza del pensamiento, y tener
un discernimiento directo en él es darle su verdadero lugar, y así el
pensamiento pierde su abrumador dominio.
¿Es el deseo - y
los cambiantes objetos del deseo - una de las causas de nuestro desorden?
Suprimir el deseo es suprimir toda sensación, lo cual implica paralizar la
mente. Pensamos que éste es el modo más fácil y rápido de terminar con el
deseo, pero uno no puede suprimir el deseo; es demasiado fuerte, demasiado
sutil. Usted no puede asirlo en su mano y retorcerlo según su voluntad - que es
otro deseo. Hemos hablado del deseo en una carta anterior. El deseo jamás puede
ser suprimido ni transmutado. Siempre sigue siendo sensación y deseo, cualquier
cosa que usted haga al respecto. El deseo de iluminación y el deseo de dinero
son la misma cosa aunque los objetos varíen. ¿Puede uno vivir sin deseo? O para
expresarlo de manera diferente; ¿Pueden los sentidos hallarse supremamente
activos sin que intervenga el deseo? Hay actividades sensorias tanto psicológicas
como físicas. El cuerpo busca tibieza; comida, sexo; existe el dolor físico y
así sucesivamente. Estas sensaciones son naturales, pero cuando penetran en el
campo psicológico, comienzan las dificultades. Y en eso radica nuestra
confusión. Es importante que comprendamos esto, en especial cuando somos
jóvenes. Observar las sensaciones físicas sin reprimirlas ni exagerarlas, y
estar alerta, vigilar que ellas no se filtren dentro del reino psicológico
interior al que no pertenecen - en eso radica nuestra dificultad. Todo el
proceso ocurre tan rápidamente a causa de que no vemos esto, de que no lo hemos
comprendido, de que jamás hemos examinado realmente lo que en verdad sucede.
El reto recibe
una respuesta sensoria inmediata. Esta respuesta es natural y no se encuentra
bajo el dominio del pensamiento, del deseo. Nuestra dificultad comienza cuando
estas respuestas sensorias penetran en el reino psicológico. El reto puede ser
una mujer o un hombre o algo agradable, apetitoso; o un bello jardín. La
respuesta a esto es sensación, y cuando esta sensación penetra en el campo
psicológico, comienza el deseo; y el pensamiento con sus imágenes busca la
realización del deseo.
Nuestra pregunta
es: ¿Cómo impedir que las naturales reacciones físicas penetren en lo
psicológico? ¿Es esto posible? Es posible únicamente cuando usted observa la
naturaleza del reto; cuando la observa con gran atención y vigila
cuidadosamente las respuestas. Esta atención total evitará que las reacciones
físicas penetren en la psiquis interna.
Nos concierne el
deseo y la comprensión del deseo, no el factor embrutecedor de la represión, el
escape o la sublimación. Usted no puede vivir sin el deseo; cuando uno tiene
hambre, necesita comer. Pero comprender - que implica investigar - toda la
actividad del deseo, es dar a éste su justo lugar. De ese modo no será una
fuente de desorden en nuestra vida cotidiana.
Opinión personal
- Jiddu establece que el ser humano cesa de aprender en el momento en que deja la escuela, pero ¿realmente es eso cierto?
El ser humano
vive en un constante proceso de aprendizaje, aunque en la escuela aprendamos
ciertos conocimientos necesarios para la vida hay que entender que fuera de la
escuela se aprende nuevos conocimientos por lo tanto no se deja de aprender. La
escuela es parte del sistema educativo formal pero existe el sistema educativo
informal que es aquel donde se recibe educación fuera de las instituciones
educativas tradicionales ¿Qué significa esto? Que el ser humano siempre
aprenderá y nunca estará fuera del sistema educativo aunque no reciba una
educación formal.
- Jiddu establece que el pensamiento es limitado, pero ¿Por qué es limitado?
El pensamiento es limitado cuando el lenguaje
lo es, ¿Por qué? Una persona con un lenguaje limitado no puede tener un
pensamiento profundo.
Los límites
del lenguaje son los límites del pensamiento.
El
conocimiento es limitado por lo cual el pensamiento también lo es y es este
pensamiento limitado el que crea problemas.
- También expresa que suprimir el deseo es suprimir toda sensación. ¿Por qué es suprimir toda sensación? Porque el deseo es el anhelo de saciar un gusto.
El deseo es
la consecuencia final de una emoción provocada por el ambiente. Su cadena de
causa-efecto es: emoción-sentimiento-deseo. A cada deseo le precede un
sentimiento pero también le antecede una sensación. El deseo y su satisfacción
son partes de la naturaleza humana.
Para suprimir
el deseo se debe hacer uso del bloqueo mental la cual es una forma de rechazar
un pensamiento o una emoción. El bloqueo mental es un modo de defensa del
sujeto para rechazar algo que emocionalmente le parece perturbable.
- En su carta Jiddu expone que Dios es “desorden” ¿Por qué lo es?
El ser humano
desde el inicio de los tiempos ha creado dioses a los que adorar. Hasta la
fecha actual existen más de 3.500 dioses.
Estos 3.500
dioses han dividido el mundo en religiones y civilizaciones creando así
guerras, caos y desorden.
Los hombres les
temen a los mismos dioses que han creado.
¿Por qué han
creado dioses?
Por
seguridad, el ser humano necesita sentirse seguro crea dioses para creer que al
momento de fallecer este dios lo acogerá y lo tendrá descansando en algún paraíso
con todas las comodidades que no tuvo en vida. Porque necesitan clamar a
alguien en momentos difíciles, porque tienen puesta su fe en ese dios que han
creado.
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