Jean-Jacques Rousseau
Jean-Jacques Rousseau (Ginebra, 28 de junio de
1712-Ermenonville, 2 de julio de 1778) fue un polímata suizo francófono. Fue a
la vez escritor, pedagogo, filósofo, músico, botánico y naturalista, y aunque
definido como un ilustrado, presentó profundas contradicciones que lo separaron
de los principales representantes de la Ilustración, ganándose por ejemplo la
feroz inquina de Voltaire y siendo considerado uno de los primeros escritores
del prerromanticismo.
Sus ideas imprimieron un giro copernicano a la pedagogía
centrándola en la evolución natural del niño y en materias directas y prácticas,
y sus ideas políticas influyeron en gran medida en la Revolución francesa y en
el desarrollo de las teorías republicanas, aunque también se le considera uno
de los precursores del totalitarismo; incorporó a la filosofía política
conceptos incipientes como el de voluntad general (que Kant transformaría en su
imperativo categórico) y alienación. Su herencia de pensador radical y
revolucionario está probablemente mejor expresada en sus dos frases más
célebres, una contenida en El contrato social, «El hombre nace libre, pero en
todos lados está encadenado», la otra, presente en su Emilio, o De la
educación, «El hombre es bueno por naturaleza».
Legado de Rousseau
Literario
Dado su alejamiento de los enciclopedistas de la época y su
enfrentamiento con la Iglesia católica, por sus polémicas doctrinas, su estilo
literario cambió. Sus obras autobiográficas dieron un vuelco fundamental en la
literatura europea; a tal punto que es considerado un autor prerromántico o
precursor del Romanticismo. Las obras suyas que más influyeron en su época
fueron Julia, o la Nueva Eloísa (1761) y Emilio, o De la educación (1762), ya
que transformaron las ideas sobre la familia.
Otras obras muy importantes son El contrato social y el
Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.
Ideas políticas y sociales
Rousseau produjo uno de los trabajos más importantes de la
época de la Ilustración; a través de su El contrato social, hizo surgir una
nueva política. Esta nueva política está basada en la volonté générale,
voluntad general, y en el pueblo como depositario de la soberanía. Expone que
la única forma de gobierno legal será aquella de un Estado republicano, donde
todo el pueblo legisle; independientemente de la forma de gobierno, ya sea una
monarquía o una aristocracia, no debe afectar la legitimidad del Estado.
Rousseau da gran importancia al tamaño del Estado, debido a que una vez la
población del Estado crece, entonces la voluntad de cada individuo es menos
representada en la voluntad general, de modo que cuanto mayor sea el Estado, su
gobierno debe ser más eficaz para evitar la desobediencia a esa voluntad
general.
En sus estudios políticos y sociales Rousseau desarrolló un
esquema social, en el cual el poder recae sobre el pueblo, argumentando que es
posible vivir y sobrevivir como conjunto sin necesidad de un último líder que
fuese la autoridad. Es una propuesta que se fundamenta en la libertad natural,
con la cual, Rousseau explica, ha nacido el hombre. En El Contrato Social,
Rousseau argumenta que el poder que rige a la sociedad es la voluntad general
que mira por el bien común de todos los ciudadanos. Este poder solo toma
vigencia cuando cada uno de los miembros de una sociedad se une mediante
asociación bajo la condición, según expone Rousseau, de que “Cada uno de
nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de
la voluntad general; y cada miembro es considerado como parte indivisible del
todo”. En fin, Rousseau plantea que la asociación asumida por los ciudadanos
debe ser “capaz de defender y proteger, con toda la fuerza común, la persona y
los bienes de cada uno de los asociados, pero de modo tal que cada uno de
éstos, en unión con todos, solo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como
antes.”
La obra rousseauniana argumenta que esta asociación de los
hombres no es algo natural. El hombre sale de su estado natural de libertad
porque le surgen necesidades de supervivencia que le imponen la creación de
algo artificial, ya que el hombre no es sociable por naturaleza y no nació para
estar asociado con otros. Es voluntariamente que se unen los unos a los otros y
fundamentan este vínculo con el desarrollo de la moralidad y la racionalidad
para satisfacer las necesidades que la naturaleza le ha impuesto. La moral y la
razón se hacen evidentes en la sociedad al establecer un modelo normativo capaz
de crear un orden social que evite la dominación de unos sobre otros y que
involucre una representación participativa de todos los miembros de la
sociedad.
Mediante El Contrato Social, Rousseau le abre paso a la
democracia, de modo tal que todos los miembros reconocen la autoridad de la
razón para unirse por una ley común en un mismo cuerpo político, ya que la ley
que obedecen nace de ellos mismos. Esta sociedad recibe el nombre de república
y cada ciudadano vive de acuerdo con todos. En este Estado social son
necesarias las reglas de la conducta creadas mediante la razón y reflexión de
la voluntad general que se encarga de desarrollar las leyes que regirán a los
hombres en la vida civil. Según Rousseau, es el pueblo, mediante la
ratificación de la voluntad general, el único calificado para establecer las
leyes que condicionan la asociación civil. De acuerdo con la obra de Rousseau,
todo gobierno legítimo es republicano, es decir, una república emplea un
gobierno designado a tener como finalidad el interés público guiado por la
voluntad general. Es por esta razón que Rousseau no descarta la posibilidad de
la monarquía como un gobierno democrático, ya que si los asociados a la
voluntad general pueden convenir, bajo ciertas circunstancias, la
implementación de un gobierno monárquico o aristocrático, entonces tal es el
bien común.
En su modelo político, Rousseau atribuye al pueblo la
función de soberano. A este término no le asigna características que designan a
una sola clase o nación, sino la representación de una comunidad de los que
desean formar un Estado y vivir bajo las mismas leyes que son la expresión de
la voluntad general. El pueblo, como soberano, debe llevar a cabo una
deliberación pública, que ponga a todos los ciudadanos asociados en un plano de
igualdad, en la cual el cuerpo no puede decidir nada que atente contra los
intereses legítimos de cada uno. Las leyes en la república de Rousseau están
desarrolladas conforme al orden social, establecido por la naturaleza del pacto
social y no por las convenciones humanas de un sólo individuo. Las leyes deben
fundamentarse en las convenciones que traducen en reglas las exigencias de la
racionalidad y moralidad humana, al tiempo que no atentan contra el ideal de la
justicia que impone que todos los asociados se respeten los unos a los otros.
Rousseau establece que las reglas de la asociación deben ser el resultado de la
deliberación pública, ya que en ella se encuentra el origen de la soberanía.
Las leyes nacidas de la deliberación no serán justas y la soberanía no será
legítima si la deliberación no respeta el interés común y si los ciudadanos no
aceptan las condiciones por las que las reglas son iguales para todos. Estas
leyes no instituyen ninguna forma específica de gobierno, sino que fijan las
reglas generales de la administración y definen la constitución, por la cual el
pueblo ha de regirse, ya que son la máxima expresión de la voluntad general.
El ideal político planteado por Rousseau en El Contrato Social
se basa en la autonomía racional. Esta es la asociación que supone el reino de
la ley común, en la cual cada uno de los asociados, al entregarse al pacto
social, se obedece a sí mismo porque las leyes se fundamentan en la voluntad
general, en la cual cada ciudadano es a su vez legislador, al deliberar
públicamente en la creación de las reglas, y súbdito, al someterse libremente a
la obediencia de las mismas.
El ideal político de El Contrato Social puede realizarse
bajo cualquier forma de gobierno. Rousseau argumenta que cualquier forma de
gobierno es válida y legítima si se ejerce dentro de los parámetros regidos por
la ley común. En su obra, Rousseau define una república como “todo Estado
regido por leyes, cualquiera que sea su forma de administración”.
En el modelo político de Rousseau, el pueblo aparece en una
doble dimensión, en la cual es sujeto y objeto del poder soberano. Cada
individuo es sujeto de la soberanía porque entrega todos sus derechos a la
comunidad, pero, al mismo tiempo, es objeto porque, al ser parte de un todo, se
los entrega a sí mismo. Al establecerse este pacto, la soberanía reside en el
pueblo y, como resultado, la misma es inalienable, indivisible, absoluta e
infalible, ya que es contradictorio que el soberano como pueblo implemente algo
contra sí mismo como súbdito.
Lo que caracteriza el modelo político que Rousseau
desarrolla en El Contrato Social es la idea clave roussoniana de "voluntad
general". Tal voluntad se diferencia de la voluntad de todos por su
carácter universalista y su aspecto normativo. No es una voluntad cualitativa,
sino que se forma por una cualificación moral, en la cual se requiere que los
hombres actúen de acuerdo a los intereses universalistas. Una vez se forma
esta voluntad, su mandato es inapelable, ya que lo que persigue es el interés
colectivo que no es diferente del interés individual. Es por ello que, si algún
asociado intentase resistir la voluntad general, se verá obligado por el cuerpo
social a obedecerle.
Rousseau concebía la democracia como un gobierno directo del
pueblo. El sistema que defendía se basaba en que todos los ciudadanos, libres e
iguales, pudieran concurrir a manifestar su voluntad para llegar a un acuerdo
común, a un contrato social. En El contrato social diría que «toda ley que el
pueblo no ratifica, es nula y no es ley» y que «la soberanía no puede ser
representada por la misma razón que no puede ser enajenada». Como
"voluntad general" no puede ser representada, defendía un sistema de
democracia directa que inspira, hasta cierto punto, la constitución federal
suiza de 1849.
La relación de las teorías de Rousseau con el nacionalismo
moderno es uno de los temas abundados por la teoría política y la historia de
las ideas. En sus obras, Rousseau planteó las bases para el nacionalismo
moderno atribuyéndole los sentimientos de identificación con la república o
sociedad a la cual el hombre se ha asociado, aunque argumentó que estos
sentimientos sólo hubiesen sido posibles en Estados pequeños y democráticos.
De la soberanía y las leyes
Rousseau consideraba que toda aquella persona que participe
del contrato social es soberano, por ende es un bien común el que se obtiene a
través de este contrato. Por esta razón no puede existir una distinción entre
soberano e individuo y se debe legislar bajo la voluntad general. Este tipo de
gobierno comienza una vez el pueblo ha madurado moral y políticamente para
lograr comprender e implementar la voluntad general, y que esta sea libre de
interferencias. Debido a esto, la ley siempre es general, porque considera a
las acciones y a las masas, nunca a un individuo. Acerca de las leyes,
Rousseau, hace una diferenciación entre la voluntad general y la voluntad
común. Y estas leyes o contratos no pueden ser creados por la voluntad común, debida
que la voluntad común puede ser buena o mala, pero esta no necesariamente se
dirige hacia la voluntad general, cuyo fin es el bien común.
Estas leyes son divididas entre las Fundamentales, Civiles y
Criminales:
- Leyes Fundamentales o Leyes Políticas: establecen las relaciones entre el gobierno y el soberano.
- Leyes Civiles: establecen la relación de miembro a miembro, o del miembro a las masas.
- Leyes Criminales: establece la relación entre cada individuo con las leyes y las penalidades por desobedecerlas.
De la desigualdad entre los hombres
Rousseau planteó algunos de los precedentes políticos y
sociales que impulsaron los sistemas de gobiernos nacionales de muchas de las
sociedades modernas estableciendo la raíz de la desigualdad que afecta a los
hombres; para él, el origen de dicha desigualdad era a causa de la constitución
de la ley y del derecho de propiedad produciendo en los hombres el deseo de
posesión. A medida que la especie humana se fue domesticando, los hombres
comenzaron a vivir como familia en cabañas y acostumbraban ver a sus vecinos
con regularidad. Al pasar más tiempo junto, cada persona se acostumbró a ver
los defectos y virtudes de los demás, creando el primer paso hacia la
desigualdad. “«Aquel que mejor cantaba o bailaba, o el más hermoso, el más
fuerte, el más diestro o el más elocuente, fue el más considerado». En este
aspecto, la formación de la sociedad hizo necesaria la creación de entidades
que regularan los derechos y deberes de los hombres, perdiendo estos así la
libertad de tomar posesión de lo que tenían a mano, y los adoctrinó a olvidarse
de sus antiguos sentimientos y manera de vivir sencilla y los impulsó a superar
a sus semejantes provocando la pérdida de la igualdad, o mejor dicho, dando
nacimiento a la desigualdad.
En su estudio sobre la desigualdad, estableció las
diferencias entre el hombre civilizado y el hombre salvaje, determinando que
las situaciones que estos enfrentaban en su diario vivir definían su
comportamiento con los demás. El hombre civilizado, motivado por un deseo de
ser superior a los otros, crea una especie de antifaz que le presenta al mundo,
con el propósito de crear distinción entre ellos y los demás. En esta nueva
sociedad, «Las almas no son ya visibles, ni la amistad posible, ni la confianza
duradera, porque ya nadie se atreve a parecer lo que es». En este mundo
artificial, la comunicación humana se hizo imposible. El hombre salvaje no
presentaba este problema, él no vivía en sociedad porque no lo necesitaba, pues
la naturaleza le proporcionaba todas sus necesidades. Cuando sentía hambre
contaba con los animales de la selva para saciarla, al anochecer buscaba
refugio en una cueva, su relación con los demás se llevaba en armonía, siempre
que ambas partes así lo requirieran y que no se presentaran conflictos, y así
mismo todos por igual tenían derecho a una parte de las tierras que habitaban.
Según Rousseau, a medida que el hombre salvaje dejó de concebir lo que la
naturaleza le ofrecía como lo prescindible para su subsistencia, empezó a ver
como su rival a los demás hombres, su cuerpo no fue más su instrumento, sino
que empleó herramientas que no requerían de tanto esfuerzo físico, limitando
por ello sus acciones y concentrándose en el mejoramiento de otros aspectos de
su nueva forma de vida, transformándose así en el hombre civilizado.
En el Origen de la desigualdad entre los hombres, afirma:
“tal es, en efecto, la causa de todas estas diferencias: el salvaje vive para
sí mismo; el hombre social, siempre fuera de sí, no sabe vivir más que en la
opinión de los demás; y de ese único juicio deduce el sentimiento de su propia
existencia”. Esta naturaleza humana, que Rousseau supone del hombre salvaje, no
es sino una hipótesis de trabajo, pues él mismo admite en esta obra que no es
posible mostrar que dicho estado salvaje haya existido.
A pesar de que algunos de sus escritos parecían atacar la
estructura de la sociedad, este era, según Rousseau, el modo de pensar de sus
adversarios, como lo expresa aquí “¿en qué quedamos? ¿Es preciso destruir la
sociedad, confundir lo tuyo y lo mío y volver a vivir en las selvas como los
osos? Esta es una consecuencia del modo de pensar de mis adversarios, que tanto
me gusta prevenir como dejarles la vergüenza de deducirla”. Su intención no fue
la de desmantelar dicha potencia, sino el de hacer de la misma una comunidad de
igualdad donde todos tuvieran la libertad para expresar su pensar y tomar las
decisiones que beneficien a todos, como se puede apreciar en El Contrato
Social.
De la formación del hombre
Rousseau hace un estudio de la formación del hombre
individual antes de éste "ingresar a la sociedad", con sus primeras
obras que incluyen: Discurso sobre las ciencias y las artes, Ensayo sobre el
origen de las lenguas y Emilio, o De la educación. En la primera y en la
segunda, Rousseau identifica los vicios y las virtudes, y en la tercera propone
encaminar al hombre a la virtud haciendo a un lado los vicios.
Una de las definiciones: Vicio: lo artificial, las artes:
las letras, las lenguas, música, las ciencias, excesivo uso de razón,
expresión de sentimientos que no existen. "palabras vacías", la
armonía; virtud: lo puro, natural, la melodía, expresión sincera de
sentimientos y el "conocimiento necesario".
Las artes, según Rousseau, traen el conocimiento que hace al
individuo comportarse de una manera para "ser de agrado a los demás",
y no es un comportamiento natural; en vez de crear una unión entre seres
humanos, crean la desigualdad entre ellos. Se crea una esclavitud a ellas y una
esclavitud entre los hombres, se explica con su famosa cita: "las
ciencias, las letras y las artes, menos despóticas y más potentes acaso,
tienden guirnaldas de flores sobre las cadenas de hierro de que están cargados,
sofocan en ellos el sentimiento de esa libertad original para la que parecían
haber nacido". Por lo que entra la educación, que involucra a las artes
como parte del proceso, sin uso excesivo de ellas, a "transformar al
individuo liberándolo de las perversiones".
De la mujer y su papel en sociedad
Rousseau aunque en un primer momento parece obviar al género
femenino no es que lo ignore, sino que va definiendo su papel en sociedad como
mero acompañante del ser humano que debe poseer todos los derechos, el hombre.
En sus primeros Discursos apenas la nombra. Cuando habla de
hombres de ciencia y racionalistas, criticándolos, se dirige sólo a estos, pues
a la mujer no le era permitido participar en este tipo de actividades. En el
Discurso sobre la desigualdad añora esa ley natural del ser humano en el estado
de naturaleza. En él tampoco hace referencia al género femenino, sin embargo,
esta ley natural le servirá de base, posteriormente, para justificar y
argumentar a favor de esa posición de la mujer como mero apéndice del hombre,
del lugar que debe ocupar en sociedad “por naturaleza”. En La nueva Eloísa
reproduce ese modelo de hembra ideal, representada por Julia, la baronesa de
d´Hochetat, mujer virtuosa donde las haya cuyo deber y máxima aspiración es
cumplir las apariencias, ser virtuosa y evitar la censura en sociedad.
En el Emilio o de la educación toda la riqueza de su
aportación a la educación de la época en la que se tiene en cuenta al niño como
persona en sí misma, no como mero boceto de preparación para la adultez, queda
desvalorizado cuando se trata de las niñas. Un determinismo natural pauta su
educación, enfocada a agradar al macho y darle hijos, o sea, a ser madre y
esposa como función vital. Sofía, esposa de Emilio, será más o menos libre y se
casará por amor, pero su crecimiento como persona estará condicionado al papel
que se le asigna al lado de Emilio.
Es en su Carta a D'Alembert donde se revelan sus prejuicios
respecto a la mujer, dejándola de lado en la defensa de la justicia y la
igualdad entre los seres humanos. Cuenta sobre ellas que «ni son expertas, ni
pueden ni desean serlo en ningún arte, que les falta el ingenio, que los libros
salidos de su pluma son todos fríos y bonitos como ellas, que les falta razón
para sentir el amor e inteligencia para saber describirlo”. La mujer se
muestra, simplemente, como el instrumento que facilita la vida política del
hombre y su dedicación al estudio y a su desarrollo personal. Siendo así no la
ve como persona en sí misma, soberana y libre —ni aún en estado de naturaleza—,
sino como ser para, es decir, como mero medio: «deben aprender muchas cosas,
pero sólo las que conviene que sepan».
El propio D'Alembert le contestó con un alegato en favor de
la mujer y, pocas décadas después, Olympe de Gouges con su Declaración de los
derechos de la mujer y de la ciudadana. «Extraño, ciego, hinchado de ciencias y
degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la ignorancia más crasa
quiere mandar como un déspota sobre un sexo que recibió todas las facultades
intelectuales», indica Olympe. Poco después, en Inglaterra, será Mary
Wollstonecraft la que asumirá el papel de dar respuesta rigurosa a ese supuesto
orden natural de varón pensante mujer acompañante, para demostrar que tal
distinción es puramente artificial, producto de una educación discriminatoria
dentro de una sociedad patriarcal.
Carole Pateman ha designado a ese contrato implícito que
subordina a la mujer respecto al hombre como el contrato sexual, que parte de
la reorganización patriarcal que adapta la visión rousseauniana de la
Ilustración a la sociedad actual, instituyendo salarios más bajos, acoso
sexual, falta de reconocimiento social, violencia de género, etc.
Botánico
Rousseau descubre tardíamente la botánica, hacia sus 65
años, gustando de herborizar, que lo tranquilizaba, luego de tanta jornada de
reflexionar, que lo fatigaba y lo entristecía, escribiendo en la séptima
Ensoñación del paseante solitario. Así sus Cartas sobre la botánica le permiten
continuar una reflexión sobre la cultura, en un sentido inmenso, comenzando con
el Émile, su tratado de educación, y su romance Julie, ou la nouvelle Héloïse,
donde se interroga sobre el arte de la jardinería.
El hombre, si está desnaturalizado, si carece de instintos,
no puede contemplar la naturaleza, únicamente hace áreas habitables y
cultivables, desnaturalizadas, «contorneadas a su modo» en «campiñas
artificiales» donde si bien pueden vivir, no resulta más que en un país pobre.
Y van quedando cada vez menos posibilidades de acceder a lo natural «deberían
conocerse y ser dignos de ser admirados... La naturaleza semeja estar
desordenada a los ojos humanos, y pasar sin atraer la mirada de los poco
sensibles, y que a su vez han desfigurado... Están quienes le aman e intentar
buscar y no lo pueden hallar» continúa Rousseau en su novela, donde va
describiendo cómo Julie instala al fondo de su vergel un jardín secreto,
jugando con lo agradable a lo útil de manera de hacer un poco de paseo que
recuerde a la pura naturaleza: «es verdad, dice ella que la naturaleza hace
todo, más bajo mi dirección, no habrá más quien le ordene».
Rousseau describe el jardín del hombre que concilia a la vez
al humanista y al botánico, como un aspecto útil y placentero donde pueda estar
sin artificios visibles, ni a la francesa, ni a la inglesa: el agua, la
verdura, la sombra y las siembras, como se ve en la naturaleza, sin usar la
simetría ni alinear los cultivos y los bordes. El hombre de gusto «no se
inquietará al punto de su percepción de bellas perspectivas: el gusto de los
puntos de vista solo visibles a muy pocos».
El trabajo de mejorar el suelo y de hacer injertos no
devolverá lo natural quitado a la naturaleza. Además de que no volverá, sigue
extendiéndose catastróficamente nuestra civilización urbana con consecuencias,
mas puede forzarse otro destino. Y si el trabajo de un vergel y de campos sea
una necesidad para el hombre, el jardín de «el hombre de gusto» funcionará
permitiendo desahogarse, descansar de momentos de esfuerzo.
Para Rousseau, las melodías y el jardín son del orden de lo
humano, de la perfectibilidad, de la imaginación y de las pasiones simples. Él
habla de una música de una temporalidad melódica, por lo tanto habrá procesos
educativos que permitan a los humanos esperar un devenir «todo lo que podamos ser»
o hacer que la naturaleza no nos haga sufrir.
Educación
Jean Jaques Rousseau era más bien un filósofo político, no
un pedagogo; pero, a través de su novela Emilio, o De la educación promueve
pensamientos filosóficos sobre la educación, siendo este uno de sus principales
aportes en el campo de la pedagogía. En este libro, exalta la bondad del hombre
y de la naturaleza a la vez que plantea temas que más adelante desarrollará en
Del Contrato Social. Rousseau concibe su paradigma del hombre encadenado en
Emilio, o De la educación. Al igual que en Discurso sobre el origen y los
fundamentos de la desigualdad entre los hombres quiere apartar la formación del
hombre en Emilio, o De la educación de su indagación, «los hombres, diseminados
entre ellos, observan, imitan su industria, y se elevan de esta manera hasta el
instinto de las bestias; se alimentan igualmente de la mayoría». Rousseau crea
un sistema de educación que deja al hombre, o en este caso al niño, que viva y
se desarrolle en una sociedad corrupta y oprimida. Como dice el estudio
preliminar de Emilio, o De la educación: «asignad a los niños más libertad y
menos imperio, dejadles hacer más por sí mismos y exigir menos de los demás».
Emilio, o De la educación
Esta novela filosófica educativa, escrita en 1762,
fundamentalmente describe y propone una perspectiva diferente de la educación,
que es aplicada en Emilio. Rousseau, partiendo de su idea de que la naturaleza
es buena y que el niño debe aprender por sí mismo en ella, quiere que el niño
aprenda a hacer las cosas, que tenga motivos para hacerlas por sí mismo. Como
Jurgen Oelkers, escritor del artículo Rousseau and the image of ‘modern
education’ dice, «La educación debe tener su lugar dentro de la naturaleza para
que el potencial del niño pueda desarrollarse según el ritmo de la naturaleza y
no al tiempo de la sociedad». Rousseau cree que todo hombre y niño es bueno.
Sobre todo, especula que la humanidad que plantea una educación a base de un
transcurso natural sería una sociedad más libre. Sandro de Castro y Rosa Elena,
en su artículo «Horizons of dialogue in Environmental Education: Contributions
of Milton Santos, Jean-Jacques Rousseau and Paulo Freire» dicen: «Escribiendo Emilio,
o De la educación, Rousseau coloca la base para una educación capaz de formar a
un hombre verdadero, porque ante todo hay que formar al hombre. Formar al
hombre es la primera tarea, la segunda es formar al ciudadano, porque no se
puede formar a ambos al mismo tiempo».
Rousseau atacó al sistema educativo a través de esta novela,
en la que presenta que los niños deben ser educados a través de sus intereses y
no por la estricta disciplina.
La novela está dividida en cinco partes. Las tres primeras
se dedican a la niñez, la cuarta se consagra a la adolescencia y la última se
refiere a la educación de Sofía, mujer ideal, y a la vida paternal, política y
moral de Emilio.
Libro primero: Desde el vientre de la madre se puede decir que uno está
vivo. Así pues, mientras el niño va creciendo, según Rousseau, debe por su
propia voluntad ir adquiriendo conocimiento. Él dice: «Nacemos capacitados para
aprender, pero no sabiendo ni conociendo nada», al igual que dice que la
educación del hombre empieza al nacer, a base de experiencias propias y
adquisiciones generales. Sin darnos cuenta, desde que nacemos somos libres y
por nuestra propia voluntad conocemos lo que es placer, dolor y rechazo.
Rousseau también afirma que el aprendizaje es muy necesario,
especialmente en esta etapa de la vida. Volviendo a su tema de la libertad,
Luiz Felipe Netto en el artículo «The notion of liberty in Emile Rousseau»
dice: «Más bien, un niño está libre cuando puede lograr su voluntad». Piensa
que debemos dejar al niño manifestar su voluntad y curiosidad por lo que le
rodea. Es decir, dejar al niño tocar, saborear, poner en práctica sus sentidos
sensoriales para aprender.
Libro segundo: En esta sección Rousseau dice: «La naturaleza formó a los
niños para que fuesen amados y asistidos». También dice que si los niños
escuchasen a la razón, no necesitarían que los educaran. A los niños se les
debe tratar con suavidad y paciencia; explica que al niño no se le debe obligar
a pedir perdón, ni imponer un castigo. La norma de hacer bien es la única
virtud moral que debe imponerse.
Libro tercero: Esta sección sigue refiriéndose a la niñez, entre los doce y
trece años. El cuerpo sigue desarrollándose y la curiosidad natural también. Rousseau
dice: «El niño no sabe algo porque se lo hayas dicho, sino porque lo ha
comprendido él mismo», sugiriendo que el niño se inspire por su voluntad, que
sólo se le den métodos para despertar su interés y no su aburrimiento. Entonces
es cuando Rousseau empieza a enseñarle a conservar, de modo que tenga más
derecho moral.
También afirma que el niño debe aprender del intercambio de
pensamientos e ideas; ve un beneficio social en que el niño pueda integrarse en
la sociedad sin que lo perturben.
Libro cuarto: Con esta sección comienza la adolescencia. Rousseau afirma
que «el niño no puede ponerse en el lugar de otros, pero una vez se alcanza la
adolescencia, puede y hace así: Emilio por fin puede ser introducido en la
sociedad». Ya en la adolescencia, Emilio tiene un mejor entendimiento de los
sentimientos, pero también se exaltan las pasiones. Rousseau dice que «Nuestras
pasiones son los principales instrumentos de nuestra conservación», pues para
él, el sexo, la pasión y el amor son producto de un movimiento natural.
Formar al hombre a partir de la naturaleza no es hacerlo
salvaje, sino no dejar que se gobierne. También en esta parte, se expone a
Emilio a la religión, pero no logra verla como algo significativo para él.
Libro quinto: Finaliza la adolescencia a los veinte años, cuando Emilio y
su prometida Sofía van alcanzando la madurez y la vida matrimonial.

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